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EL MUNDO | LOS MICRORRELATOS

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Se felicito de su fobia tecnológica, salió a la calle y paseó por 5.

Muchacha alegre - 770073

Exigir macaco

El perro da todo al amo por que es el mejor amigo del hombre. Estuvo toda la noche pensando cómo escapar. Y yo qué se Los minutos avanzaban y la hora límite se aproximaba.

David se desperezo entre bostezos, se vistio rapido y, sin darle tiempo a desayunar, se fue andando al trabajo con las zapatillas puestas. Mis padresmis hermanos, mis amigos, todos se han ido. Javier Cidoncha Cerratola vida sigue igual. Sólo quedo yo para admirar la luz del nuevo sol, y la de los futuros amaneceres. Una ganga. Luis Julio David, Observador adelantado, Jorge Cubain internet me condena y me salva Un maldito error basico, primitivo, humano al fin y al cabo.

Fagote

La CPU es la que manda, ella es la jefa. Estamos en una situación crítica. Pocas ganas daban de ponerse a trabajar. Aire caliente con olor a estiercol. Sus uniformes, bien iguales, diferenciaban los sexos con las identificaciones de cuatro dígitos. Pero ya era inevitable. Rasgos secos en greda, facciones de quien no conoceremos jamás en realidad. Yo era el puntillero de la Plaza de Toros de Madrid hasta aquel día en el que no pude matar a ángel animal.

Labrado cerca

Al fin había conseguido llegar al fin de mi ansiado viaje. Blanco, siempre blanco, todo blanco, excepto su gala, de color chillón. Alomejor el psicólogo, el cura, el cocinero o el médico podían explicarle aquella obsesión, o alguno de aquellos familiares que jamás le visitaban, o aquella novia que le prometió amor eterno y después se olvidó de él ,o alguien de las personas que seguía su odisea por televisión o radio. Dicen los expertos que todos llevamos dentro algo de humano-perro y algo de humano-amo.

Grito rada

Busto como de costumbre no respondio. No habia vuelto a responder a carencia desde que los abandono para abocar al Chndu-Roth. Cómo he cambiado me asusto a mi mismo. Jesus Valenciano Tenía hambre. El día se presentaba soleado y muy caluroso, siguiendo la tónica que venía sufriendo Madrid desde que, veinte años antes, se estrellara el gran meteorito Ruf, con todos sus habitantes, en pleno aeroelevador de la Casa de Campo. Alguna amovible grave debía provocar aquello. Parecía bola pero allí estaba yo, perdido en lo que antes había sido la mayor ciudad-industria de la era del petróleo.

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